febrero 09, 2007

EL 5INCO DE TAMAULIPAS Opinión pública






Opinión pública
[08-02-2007]

SATANICOS

Por: Felipe Martínez Chávez


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Ante la insistencia de vecinos de la Rotonda de los Tamaulipecos Ilustres (eso queda en la Horacio Terán), le dimos una vueltecita al armatoste que "inauguró" Manuel Cavazos Lerma dos días antes de entregar el gobierno estatal, en 1999, y la historia pues no parece muy agradable.


Todo es originado por la falta de vigilancia policíaca, o de efectividad, pues ahí hay velador en dos turnos, aunque sus jefes no le dan ni una resortera para matar a los miles de vampiros que ahí anidan, y menos un radio para pedir auxilio.
La gravedad del asunto, antes que los "guampiros", es que en horas de la madrugada concurren personas de creencias exóticas a realizar actos aparentemente satánicos, encapuchados y vestidos con túnicas negras.

Por lo general utilizan vehículos último modelo, de lujo, y, cuando los vecinos han llamado a la policía municipal, nunca se presenta alguna patrulla.

El velador comisionado mas bien tiene miedo y huye, pues no tiene ni piedras para meter orden o enfrentar alguna agresión, y se dedica a dormir la mona en la casita de madera que le construyeron los jefes.

La versión señala que los asistentes a los eventos nocturnos son entes malvados que van a invocar a los espíritus de quienes se supone que son los tamaulipecos más "iluminados" de todos los tiempos, como Doña Amalia González Caballero, o bien Alberto Carrera y Pedro J. Méndez, cuyas cenizas se supone que ahí están, si es que Guillermo Lavín, entonces jefe del ITCA, no metió ceniza de cigarro o de cocina, o bien se llevó la prótesis de madera que utilizaba el revolucionario de Bustamante.

Dicha situación va tomando visos alarmantes, pero no tan solo por los satánicos, sino porque, una vez que fueron depositadas las cenizas de Doña Amalia, con todo el alboroto habido y por haber, a alguien se le ocurrió abrir la gaveta en horas de la noche.

Tal acontecimiento pudo haber costado la salida inmediata del individuo conocido como La Costurera y toda la caterva de holgazanes, pero seguramente el "ladrón" no tenía conocimiento de que la urna que contiene las cenizas de la ilustre tamaulipeca
es de oro puro.

Sí, de oro puro, como las demás urnas, pues se supone que ahí se les asignó el descanso eterno, y los materiales deben ser para siempre, dos o tres mil años, que se yo.

El profanador abrió la urna (seguramente con algún desarmador de los conocidos como "estrella") y, en lugar de cargar con las cenizas, o tirarlas, dejó la urna en el piso de adoquines.

Al día siguiente se dio aviso a las autoridades para volver a reforzar.
Pero el antecedentes tiene sus asegunes, dado que las demás gavetas son tan endebles como la que se instaló en la de Doña Amalia.

La pregunta es ¿quién garantiza que no serán robadas las urnas de los demás héroes tamaulipecos?.

Por ahora se salvó La Costurera de un escándalo estatal y nacional, pero sobre todo de las protestas de la familia de Doña Amalia, a quien se había garantizado el resguardo de los restos para que firmaran de aceptación el traslado de las cenizas desde la ciudad de México, donde ella dejó de existir.

Quien sabe que estará pasando, quien será el responsable, porque en el lugar se ven parejas haciendo el amor inclusive a plena luz del día, sobre todo estudiantes.

Aunque en la noche se instala una cadena, las parejas se las arreglan para entrar.

Se nos hace que, como dice los vecinos, ahí falta más vigilancia, pero sobre todo que se construya un edificio, pues la rotonda permanece a campo traviesa donde cualquier pandillero puede robar hasta el mismísimo tanque estacionario de gas butano que se instaló para el "fuego eterno" de loor a los héroes, pero que no se enciende.

No hay duda que se necesita hacer algo, pero a la de ya, como meter también vigilancia en la zona campestre del parque Siglo XXI, donde las mujeres (bueno también varones, como El Manotas, el karateca) son víctimas cada vez de más asaltos o se les aparece el tipo encuerado, que ahora trae la innovación de sonar una campanita para que las damas volteen hacia él.

Esto, mientras los rurales de vigilancia se la pasan descansando o lavando sus automóviles y camionetas a la entrada.

Es lo que encontramos por allá.
Nos vamos.